Supervivientes parte 2 – Una semana sola en una isla desierta

Supervivientes: una semana en Playa Pelícano.

Hoy quiero seguir contándoos mi paso por el concurso Supervivientes. Esta vez os voy a hablar de la semana que estuve sola en Isla Pelícano. Una semana sin nadie, en una isla desierta no es tan bonito como parece.

Para que os pongáis en antecedentes, antes de que empiece el concurso, cuando llegamos a Honduras, nos llevan unos días a un hotel. Durante esa estancia, nos relajamos, nos vamos conociendo y hacemos especulaciones de cómo será el concurso. Nuestras conversaciones siempre estaban cargadas de buenos propósitos e intenciones. Una de las frases que más repetíamos era “este año no va a haber mal rollo, este año nos vamos a decir todo  a la cara e intentar solucionar los problemas que vayan surgiendo”. Obviamente, cuando empieza el concurso algunas cosas se tuercen y no todo sale según lo esperado.

En una de esas charlas que teníamos en la piscina del hotel, salió el tema del palafito. En ediciones anteriores a la nuestra, había un palafito dónde mandaban a un concursante a pasar solo una semana. Nosotros no sabíamos si íbamos a tener palafito, una isla para nosotros, o qué, simplemente no teníamos ni idea y dábamos rienda suelta a nuestra imaginación. Empezamos a decir a quién no le importaría ir en el caso que hubiera una semana solo. Los únicos que dijimos que no queríamos ir fuimos Patxi Salinas y yo. No era por miedo, sino porque yo no me imaginaba una semana sin poder hablar con nadie, ¡qué horror, con lo que yo hablo!

Empezó el concurso y llegó el día en que nos mandaron a uno de nosotros a la isla. La primera en ir fue Miriam Sánchez. La única vez que la vimos en esa semana fue cuando nos juntaron a todos para hacer una prueba de recompensa y pudimos hablar con ella un par de minutos. No sé si fue mejor o peor haber hablado con Miriam, ya que lo único que me dijo fue: “Neki, tú no puedes ir allí, está lleno de cucarachas, el suelo se mueve”. Claro, imaginaros mi cara, cada noche deseaba que ningún compañero me mandara allí.

A la semana siguiente, el jueves en la gala, el líder de esa semana tenía que elegir a un compañero para salir nominado directamente y enviar a otro a Isla Pelícano, ¿adivináis a quién mandaron? Efectivamente, cuando escuche que Jesús Vázquez dijo mi nombre, se me cayó el mundo encima. No tenía más información que la que me había dicho Miriam un par de días atrás y el miedo recorrió mi cuerpo.

No sé si os he contado mi animadversión por las cucarachas, pero si hay algo en esta vida Una semana solaque odio, me repele y me paraliza son las cuquis. Pues nada, escuché mi nombre, y me dispuse a recoger mis cosas y montarme en la barca. No sin antes llevarme una lata de melocotón en almíbar, lo único que nos quedaba de una prueba de recompensa que ganamos la semana anterior, y que mis compañeros me cedieron.

En la barca me esperaba “Terminator” así es como llamábamos al chico de producción que nos daba la ropa para las pruebas y las indicaciones. Era la única persona que nos hablaba y como podéis imaginar muy cariñoso no era. Descubrimos que se llamaba Rafa cuando se acabó el concurso, pero ya era tarde, siempre será “Terminator” para todos los concursantes de Supervivientes 2008.

Como iba diciendo, en la barca “Terminator” me tapo los ojos. Me entro un ataque de pánico, y me plantee abandonar. Estaba muerta de miedo, desde que tengo 7 años tengo una fobia absoluta a las cucarachas y no podía imaginarme que durante una semana ellas serían mis únicas compañeras. Llegamos a Isla Pelícano y “Terminator” me quitó la venda de los ojos. Si ya estaba asustada cuando vi Pelícano me desmoralice. Una isla de unos 40 pasos de ancho, y 15 de profundidad, el resto hacia arriba una selva, llena de árboles y a saber qué clase de bichos habría por ahí. Pensé en abandonar pero me vino a la cabeza mi apellido y dije “pa’lante”. En el directo dije a Jesús “soy Haidari y puedo con esto” era un mensaje para mi madre, que supiera que estaba bien y que iba a luchar.

Me explicaron que tenía que hacer una prueba semanal y en qué consistía. Debía conseguirSupervivientes Playa Pelicano 19 palos de bambú los días que ellos me indicaban. El primer día tenía que encontrar 12 palos, el segundo día  5 y el tercer día 2. Para ello, me daban un mapa y no os creáis que venia la ruta y todo explicado. Era el contorno de la isla con una X de “aquí estás tú” y luego tres puntos A, B y C.  Luego os explico cómo fue la prueba.

Cuando se acabó la gala en directo, las luces, el equipo y todo desapareció. No hay que olvidar y deja de mencionar el gran equipo de producción con el que cuenta Supervivientes, ¡espectacular! La zona que tenía para descansar, estaba encima de una atalaya porque en la playa era impracticable por la cantidad de cuquis y demás bichos que había. En la atalaya tenía una esterilla, una manta, un quinqué (luz), un baúl donde había una cacerola, un machete, un anzuelo y algo de sedal. Esas eran mis pertenencias junto con la ropa que llevaba en mi saco para afrontar  uno de los mayores retos de mi vida.

La primera noche fue muy larga, larguísima. Me puse toda la ropa que tenía encima para evitar que me rozara cualquier animalillo que por ahí pululaba. Calcetines en las manos, el chubasquero con la cremallera hasta arriba dejando solo al descubierto la nariz y los ojos. Recuerdo que el cámara venia de vez en cuando a grabarme Sola en una isla desiertay yo le suplicaba como no he suplicado nunca en mi vida, que no me dejara sola. Él no me podía hablar pero simplemente estar con alguien me tranquilizaba, además la luz de la cámara mantenía lejos a las cucarachas. Os puedo asegurar que la primera noche no pude pegar ojo. Tarareaba las mañanitas mejicanas, esas que me enseño Ivonne Armant las primeras noches del concurso.

La estancia allí se hizo muy larga, es verdad que tenía momentos de disfrute porque muy poca gente es tan afortunada de tener una isla desierta para uno mismo durante una semana. Muchas veces me sentaba en la orilla y simplemente contemplaba el paisaje y todo lo que me rodeaba. Pensaba en mis amigos, en mi familia, en mi abuela, en cómo estaba toda la gente que dejé en España y que tanto quería. La naturaleza y yo, momentos en los que realmente me daba cuenta de qué y quién es importante en mi vida, eres consciente que con muy poco se puede vivir y que lo más importante en esta vida es el calor y el cariño de tu gente, ¡cómo echaba de menos los abrazos de mi madre o los besos de mi abuela!

Lo más difícil en Supervivientes, es matar el tiempo, además yo entendí mal las indicaciones que me dio producción y pensé que no me podía mover de un trozo de isla determinado, en realidad tenía toda la isla para mí, pero tonta de mí y cegada por el shock del primer día no atendí bien las indicaciones y estuve una semana en una mini playa cuando podría haber disfrutado de toda la isla en su plenitud. Esa confusión me llevo a no comer nada en esa semana ya que en la parte de playa “que yo entendí que podía estar” no había nada, solo arena y mar, así que después de dos días intentando pescar sin éxito, porque había mucha corriente y se me enredaba en anzuelo en las rocas, decidí asumir que no iba a comer en esa semana. Paré de intentar pescar ya que gastaba más fuerzas en coger la carnaza, ponerla en el anzuelo, ir hasta la roca, tirar el anzuelo, bucear, desengancharlo de la roca, volver a subir a la roca, poner de nuevo la carnaza… etc, que lo que me iba a aportar el pez que me iba a comer si es que conseguía pescarlo. Así que después de estar todo el viernes y sábado sin comer absolutamente nada, el domingo abrí la lata de melocotón en almíbar que me habían dado mis compañeros. Me comí dos mitades de melocotón y dejé las otras dos restantes para otro día. El lunes, me moría de hambre y mi sorpresa fue cuando abrí la lata para comerme las otras dos mitades de melocotón, vi que el almíbar, con el calor y la humedad, había fermentado. Tenía dos opciones: no comer y tirar el melocotón que quedaba con el almíbar fermentado con moho o comérmelo y beberme el almíbar, total, ¡lo que no mata engorda! Efectivamente, me lo comí, el resultado: dos días con dolor de tripa, pero por lo menos esos cinco minutos masticando merecieron la pena 😉

Era muy complicado aguantar tanto tiempo sin poder hablar con alguien, ya que llegó un momento que  no sabía qué podía hacer para pasar el tiempo. Tenía una isla de máximo 40 pasos, selva y mar ¿qué podía hacer durante 7 días para que el tiempo pasara lo antes posible? Pues bien, lo que hacía cada mañana eran unos estiramientos, me dedicaba a estirar cada músculo del cuerpo, es una forma de que asarán las horas y a la vez mantenía lo que me quIsla desierta Supervivientesedaba de músculo a punto para las pruebas. También hice con una piedra un calendario en la pizarra de la atalaya, así podía ir contando los días que llevaba y los días que faltaban hasta que se acabará Supervivientes 2008. Otro día cogí a mi osito, no os he contado, pero me lleve como objeto personal un osito que me regaló mi familia con una camiseta con fotos y con los nombres de todos mis amigos. La camiseta del oso con los nombres, me sirvió para ir recordando mentalmente anécdotas que viví con cada uno de ellos, así que decidí grabar en la pizarra los nombres de todos mis amigos. Parece una tontería, pero creo que estuve una mañana entera grabando con la piedra en la pizarra todos los nombres y recordando momentos con mi gente, ese día estuve un poco más cerca de ellos.

Como os adelantaba al principio, en esa semana me mandaron una prueba: tenía que encontrar 19 palos en tres días y cuando los consiguiera tenía dos días para montar una balsa con una cuerda. Lo único que me dieron para realizar la prueba fue el mapa que os he explicado, una maqueta de una mini balsa y unas cuerdas para atar los palos de bambú y hacer dicha balsa.Supervivientes prueba

El primer día estuve como tres horas pasando por el punto que supuestamente me marcaba el mapa y no era capaz de ver los palos, pasaba por delante una y otra vez y nada. Volvía a meterme dentro de la selva, salía hacia el mar, llegaba al punto y vuelta a empezar, hasta que ya desesperada miré para arriba echándome la mano a la frente y ¿qué vi? ¡el palo!  Ahora
que lo había encontrado, lo difícil era como subir por él. Estaba encima de una ladera y entre que no tenía mucha fuerza y nunca he sido muy amiga de la montaña, era carne de cañón. Al final conseguí subir, y lo bueno fue que los 12 palos estaban relativamente cerca unos de otros así que fue fácil encontrarlos. El problema se planteo cuando tuve que bajar 12 palos de bambú algunos más altos que yo por esa ladera… no voy a entrar en detalles pero ahí rodó todo, ¡incluida yo!

Esta opSupervivientes Balsaeración se repitió dos días más, y conseguí encontrar los 19 palos. Una vez con ellos, quedaba hacer la balsa lo más perfecta posible. A mí no me dijeron la finalidad de esa balsa, pero una vez avanzado el concurso tuvimos que utilizar mi balsa para cruzar subidos en ella, remando, de una isla a otra. Así que menos mal que al final la hice bien y aguantó el peso de todos. Fue una alegría conseguir la prueba, porque si no la llego a conseguir, hubieran quitado a mis compañeros algún objeto de valor como el machete o la lona y no me lo hubiera perdonado.

Fue un reto, y lo pase, quizá uno de los retos más difíciles de mi vida, pero si algo aprendí esa semana, es comprobar qué nada es imposible, qué el ser humano tiene una fuerza descomunal y qué no hay nada mejor en el mundo que un abrazo de alguien a quien amas.

Cuando acabé esa semana, antes de abandonar la isla, recibí una llamada de mi madre. Simplemente oir su voz me hizo llorar como la niña pequeña que todavía está dentro de mí. Yo que tanto alardeaba que no iba a derramar una lágrima… ¡las solté todas ese día!

A la vuelta con mis compañeros, ese mismo jueves me nominaron, no entendía muy bien porqué, ya que  había conseguido la prueba (fui la única en conseguirla de todos los que fueron allí una semana solos) y no había convivido con ellos en toda la semana, por lo tanto, no hubo ningún mal rollo así que no sabía porqué lo habían hecho. Luego me explicaron que fue una estrategia para intentar salvar a uno de los chicos, pero finalmente gané esa nominación y pude continuar viviendo la mejor experiencia de mi vida.

Hasta aquí os cuento en este post, próximamente seguiré compartiendo más anécdotas con vosotros. Me despido con una frase de Nietzsche “ la vida es un instinto de desarrollo, de supervivencia, de acumulación de fuerzas, de poder”.

¿Me seguís en esta linda locura?

Nekal 😉

 

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