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Marrackech: el encanto bereber en estado puro

Este año, empezó con un viaje muy especial, Marrackech. Digo que es especial, porque Marrackech no deja indiferente a nadie. O lo odias o lo amas, pero en esta ciudad no hay medias tintas.

 

Cuando decidimos ir a Marrackech, preguntamos a varios amigos que habían estado previamente, y cada uno nos decía una cosa: “yo no volvería nunca”; “ a mi me encanató, voy todos los años”; “pasamos miedo, las calles son muy pequeñas y el GPS no funciona bien”; “es maravilloso, una de mis ciudades favoritas”… Con esta diversidad de opiniones nos plantamos en Marrackech.

 

El primer día, llegamos por la noche, y como nos habían dicho que en la medina hay muchas calles que no pueden entrar coches, decidimos hablar con el riad y contratar su servicio de transfer. Al principio habíamos reservado en un hotel de 5 estrellas a las afueras, pero lo pensamos bien y anulamos la reserva para ir a un Riad. Ya que vamos, vamos a vivir la experiencia de verdad, pues bien, nuestra decisión no pudo ser más acertada. Como iba diciendo al principio de este párrafo, nos vino a buscar el trasnfe del hotel y cuando se adentró en la medina y ya no podía continuar, estaba esperándonos un empleado del riad para acompañarnos. La verdad es que lo agradecimos, porque las calles de Marrackech son muy oscuras, pequeñas y es muy fácil perderte.

 

En el Riad nos recibieron con un té y comprobamos la amabilidad de la gente de Marruecos, de la que nos habían hablado varios amigos. Nos acomodaron en nuestra habitación y dejamos reservada una excursión con un guía para el día siguiente. El guía al principio nos cayó fenomenal, nos hizo un recorrido por las zonas principales de Marrackech como son la maravillosa Plaza Fna, Medersa Ben Youssef, y nos iba enseñando todos los rincones de la medina. Pero es cierto, que al final estábamos bastante cabreados, porque nos acabo metiendo en tiendas de mármol, de telas y de alfombras donde nos tenían más de 20 minutos en cada tienda enseñándonos cosas para ver si comprábamos. Total, que al final me tuve que poner seria y decirle que no estaba cómoda en las tiendas, ya que no quería comprar y que si quería comprar yo le diría.

 

Una de las cosas que me sorprendió, fue que cuando cambiamos dinero, lo metí en el bolso y al cabo de 5 minutos no tenia el dinero. El bolso lo tenia abierto, pudo ser que se me olvidara cerrarlo y se cayera o que alguien me lo quitará, no sé, el caso es que se lo dije al guía, y me dijo señorita es imposible que le hayan robado, nosotros vamos con un guardaespaldas, miré para atrás, y vi a un hombre que efectivamente nos seguía constantemente y que de vez en cuando se acercaba a nuestro guía y le daba algo en la mano. ¡Muy muy raro todo!

 

Una vez que dejamos a nuestro guía, fuimos a comer a la Plaza Fna, simplemente maravillosa. Una plaza gigante, típica de películas, llena de vida. Encantadores de serpiente, puestos de fruta, mucho turista y mucha gente intentado sacar algo de dinero. Es curiosa, la verdad es que sentarte a comer en la plaza y observar la vida que hay en ella, fue de lo mejor que me llevo del viaje.

 

En Marrackech hay de todo, pasas del jaleo más absoluto en la plaza y las calles de la medina, y si sales a las afueras, te encuentras lujosos hoteles y resorts con beach club enormes que nada tiene que ver con el descontrol y caos característicos del centro.

 

Una de las noches queríamos tener una cena más romántica, y fuimos a un hotel a las afueras a cenar, Palais Namaskar. Nos lo había recomendado una amiga y fue un acierto absoluto. Teníamos el restaurante solo para nosotros, entiendo que al ser enero no es la temporada alta. Nos sorprendió la entrada con unas fuentes preciosas, unas luces que te atrapan y hacen un espacio muy especial.

 

El resto del viaje, nos dedicamos a perdernos por sus calles, andando, parándonos en los puestos, disfrutando del encanto y del no tener nada que hacer más que caminar y vivir.

Después de caminar durante todo el día, lo mejor era llegar al riad y darte un hamman. Sales totalmente relajado y nuevo para el día siguiente continuar con la visita.

 

A las afueras de la medina está la zona nueva, con tiendas y una forma de vida más Europea. Hay una avenida principal rodeada de restaurantes y comercios de todo tipo. Andando desde la plaza Fna está a 20 minutos aproximadamente. Está bien caminar por ahí y salir un día de la medina, para ver el resto de vida que hay en la ciudad.

 

Si queréis hacer excursiones, hay varias empresas que se dedican a vender paquetes y tienen diferentes ofertas por si os sobra algún día y queréis conocer más sitios. Nosotros queríamos hacer una excursión pero como nos llovió fue imposible, así que nos quedamos con las ganas.

 

El mismo día que nos volvíamos, aprovechamos la mañana y fuimos al museo de Yves Saint Laurent y a los Jardines Majorelle. Están al lado, y es una visita muy recomendable ya que ves muchas de las creaciones estrella del diseñador y los jardines que tenía en propiedad lleno de colorido y vida.

 

En este viaje aprendí que hasta en el más profundo caos, hay belleza. Que lo bonito de la vida está en los pequeños detalles, en caminar, en compartir y en sentarte a contemplar aquello que sucede a tu alrededor, simplemente admirando lo maravillosa que es la vida.

 

¿Me seguís en esta linda locura?

 

Nekal 😉

 

 

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